Gracias a las técnicas en reproducción asistida, muchas parejas han conseguido el objetivo deseado de tener hijos, y poder formar así una familia. Pero el camino para llegar a este objetivo no ha sido nada fácil, tanto en lo referente a temas meramente técnicos como morales y éticos, que poco a poco se han ido solventando con ayuda de la investigación y por qué no decirlo también, un cambio de mentalidad en la sociedad, que da más prioridad a los deseos gestacionales de las parejas.
Pese a lo que se pueda creer, la historia de la reproducción asistida se extiende bastante atrás en el tiempo, considerando a los pioneros en estas técnicas, utilizadas en principio sólo en animales a los sumerios, considera como la primera y más antigua civilización del mundo. Ya ellos practicaban una técnica muy rudimentaria de inseminación artificial, que aplicaron en ovinos y más tarde en equinos.
Una de las primeras inseminaciones artificiales intentadas en humanos se cree que se le realizó a Juana, esposa del Rey Enrique IV de Castilla, que era conocido con el nombre del impotente, realizada en el siglo XV.
Años más tarde, en 1677, gracias a los microscopios que el mismo construyó, Antoni van Leeuwenhoek fue la primera persona en ver los espermatozoides humanos. Cien años más tarde, el sacerdote y fisiólogo italiano Lazaro Spallanzani demostró que para la formación de un cigoto y posterior embrión debía producirse contacto físico entre el esperma masculino y un huevo femenino, tal como descubrió en estudios con peces y anfibios. Gracias a estos estudios de Spallanzani, el papel de la mujer en la gestación paso de ser "el mero suelo que nutre la semilla masculina" a aportar también parte del material necesario para formar el embrión.
A finales del siglo XIX, es cuando se tienen conocimientos verdaderos del uso de esta técnica en humanos, eso sí, siempre de forma secreta. Es a partir de 1950, cuando con ayuda de las técnicas de congelación de semen cuando la inseminación artificial se convierte en una técnica ya establecida.
Muchas han sido desde entonces las parejas que se han beneficiado de esta técnica, pero aún seguía siendo insuficiente para poder superar otros problemas planteados en la reproducción humana. Fue entonces, cuando se consigue desarrollar otra técnica muchos más novedosa, la fecundación in vitro, que en 1978 dio como resultado el nacimiento de la primera niña probeta, Louis Brown, gracias al trabajo del fisiólogo Robert Edwards, pionero en la técnica de fecundación in vitro, y al ginecólogo Patrick Steptoc.
Robert Edwards fue galardonado en 2010 con el Premio Nobel en Fisiología y Medicina, gracias al desarrollo de esta técnica, que ya se calcula que ha dado lugar al nacimiento de más de 5 millones de niños en el mundo. Años más tarde, en 1992, Gianpiero Palermo desarrolló en Bruselas la técnica conocida como microinyección intracitoplasmática (ICSI), gracias a la cual parejas en las que el varón presenta alteraciones seminales, como baja concentración pueden tener descendencia.
Por último, los avances en investigación médica, genética y molecular en reproducción humana están ayudando a que estas técnicas cada vez tengan un mayor éxito y se consigan más embarazos en parejas que hace años no podían pensar que podrían llegar a formar una familia.



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